Aquí quiero ir guardando pensamientos que nacen en días tranquilos,
en momentos de oración, en canciones, en conversaciones o en cosas simples
que me recuerdan el amor de Dios y el valor de vivir con calma.
19 de junio, 2026
La música más tierna de mis días
Heaven, I’m in heaven…
En medio de la locura y el desorden de la vida —de mi vida—, me regalé
un momento para encender el televisor, poner música y bailar hasta terminar
en el suelo.
Por unos minutos me creí cantante. Di un espectáculo exagerado, torpe y
completamente digno de ser recordado. Mi esposo me observaba desde la cocina
y, cuando descubrí su mirada, sentí un poco de vergüenza.
¿Qué estará pensando de mí?
Tal vez crea que soy una maniática. Una ridícula. Una mujer demasiado grande
para estar cantando frente al televisor como si tuviera un escenario entero
para ella.
Pero no me detuve.
Entonces comenzó a sonar una versión retro y jazz de Cheek to Cheek,
interpretada por Young Original, y algo dentro de mí se volvió más suave.
Lo miré y recordé esa sensación que a veces doy por hecha: con él estoy segura.
Mi amado es tan musical, tan divertido, tan romántico a su manera. Quizá no
sea el bailarín más habilidoso, pero se acercó y bailó conmigo. No necesitó
hacerlo perfectamente; solo necesitó entrar en aquel pequeño mundo que yo
había creado en medio de la sala.
Y eso hizo.
Yo siempre he tenido miedo de casi todo. De probar una comida desconocida,
comenzar una actividad nueva o caminar por un lugar que no conozco. Soy la
persona que aprende una ruta y después necesita recorrerla siempre por el
mismo carril. La rutina puede convertirse en mi cárcel perfecta: conocida,
ordenada y aparentemente segura.
Pero él me invita a salir.
Me toma de la mano y me recuerda que también puedo volar, aunque tenga miedo
de lo nuevo. Me enseña que no siempre tengo que saber los pasos antes de
comenzar a bailar.
Tal vez el amor también sea eso: alguien que te mira siendo completamente
ridícula y, en lugar de pedirte que te detengas, se acerca para acompañarte.
Creo que él es la música más tierna de mis días.
3 de junio, 2026
Esta semana me bautizo
Esta semana me bautizo, y mi corazón está lleno de gozo. Mi mente piensa en la
bondad de Dios, en Su paciencia, en todo lo que ha hecho conmigo. Pero mi cuerpo,
todavía marcado por heridas del pasado, tiembla con miedo.
Estos tres años conociendo a mi Señor han sido años llenos de amor y bendición,
pero también de disciplina, corrección y quebranto. Día a día, Él me ha mostrado
de qué me ha salvado: de mí misma, de mi ego, de creerme más de lo que soy, de
vivir aferrada a mi propia fuerza.
El Señor ha quebrantado mi corazón y transforma mis pensamientos cada mañana.
Ha entrado en lugares que yo no sabía cómo nombrar, y con amor ha ido ordenando
lo que dentro de mí estaba roto, confundido o endurecido.
Antes no me gustaba convivir con las personas. Me ponía tan nerviosa que me
trababa al hablar, y ahora muchos no creerían que eso fue parte de mí. Pero yo
lo sé. Y veo cómo el Señor me prueba justo en mis debilidades, no para avergonzarme,
sino para recordarme que no soy yo: es Él en mí.
En 2 Corintios 12:9, el Señor dice que Su gracia es suficiente, porque Su poder
se perfecciona en la debilidad. Y cada vez entiendo más esa verdad. No quiero
esconder mis debilidades si en ellas puede reposar el poder de Cristo.
Y si eso no fuera ya demasiado hermoso, Él no solo trabaja en mis debilidades visibles:
transforma mi corazón. Me enseña a amar. Me enseña a ver Su amor por todos
nosotros. Me enseña a mirar a los demás con más misericordia, con más paciencia,
con más verdad.
Bautizarme es difícil para mi cuerpo porque de niña fui bautizada, y ese día
marcó el inicio de una serie de heridas que me hicieron odiarme, desconfiar de
los demás, desconfiar de mí misma y dudar de la bondad de Dios, incluso de Su
existencia.
Pero Él me llamó.
Me llamó con un amor que yo jamás había conocido, y mucho menos sentido. Un amor
que no llegó gritando, sino rescatando. Un amor que no negó mi dolor, pero tampoco
me dejó vivir para siempre dentro de él.
Hoy puedo mirar hacia atrás y decir: Dios me salvó.
Y como dice Juan 5:24, hay una vida nueva para quien oye Su palabra y cree en
Aquel que le envió. Una vida que ya no camina hacia la condenación, sino que ha
pasado de muerte a vida.
Gracias, Señor.
```
27 de mayo, 2026
Redescubrirme en lo simple
Mientras hago este blog, siento que también me estoy haciendo preguntas que había
dejado en silencio.
¿Qué me gusta? ¿Qué siento cuando escucho una canción? ¿Qué recuerdos siguen
viviendo en mi cabeza sin que yo los haya llamado? Hay algo en construir este
pequeño rincón que me obliga a detenerme, a mirarme con más ternura, a volver
a escuchar mi propia voz.
El mundo va tan rápido que a veces intenta convencerme de que ya me conozco,
de que no necesito pausar, sentir, observar, preguntarme. Pero yo sí quiero
detenerme. Quiero vivir con la curiosidad de quien todavía se permite descubrirse.
Me gusta preguntarme qué me hace sentir el color de mi habitación. Por qué me
calma el olor a tierra mojada cuando empieza a llover. Por qué me emociona cierto
sabor, una canción, una textura, una luz entrando por la ventana.
En un mundo que tantas veces intenta apagar la autenticidad, el amor vuelve a
enseñarme a mirar. A mirar despacio. A mirar lo pequeño. A recordar que mi corazón
también habla en detalles.
Tal vez este blog no es solo un lugar para mostrar lo que me gusta. Tal vez también
es una forma de volver a mí.
25 de mayo, 2026
Una paz que me sostiene
Ha llovido mucho estos días.
La ciudad parece hablar en voz baja, y yo intento entenderla desde mi sala,
mientras Natalia Lafourcade suena de fondo y mis pies se mueven sin pedir
permiso. Bailo sola, pero no me siento del todo sola.
Hay cambios constantes, despedidas pequeñas, silencios nuevos y una compañía
invisible que me sostiene.
Pienso en el siguiente paso.
En una nueva ciudad.
En ese sentimiento extraño de estar empezando otra vez.
No sé bien cómo se llama esta etapa, pero sé que Dios está aquí. En la lluvia,
en la música, en mi sala, en mi miedo, en mi esperanza.
Y entonces, aun sin respuestas, descanso.
Porque hay una paz que no nace de entenderlo todo, sino de saber en Quién estoy
sostenida.